Pasta de dientes: pociones, brebajes y ciencia

Pasta de dientes: pociones, brebajes y ciencia

Desde la noche de los tiempos, el ser humano, incluso cuando era más ser que humano, ha tenido especial cuidado en mantener su boca en condiciones óptimas. Al principio los dientes se usaban para desgarrar o morder carne cruda o demasiado “al punto” y se hacía necesario tenerlos en buen estado para cumplir su función. Algo aparentemente tan sencillo como masticar era de vital importancia. Se trataba de la supervivencia. Además del dedo como instrumento de limpieza, nuestros primeros antepasados hacían uso de astillas de hueso, cálamos de plumas, puntas de madera… para poder eliminar los restos que se quedaban entre los dientes.

El buen estado de los dientes era vital para la supervivencia

El buen estado de los dientes era vital para la supervivencia

Los egipcios fureron los primeros en considerar la odontología como una ciencia propia e incluirla dentro de sus tratados de medicina. Y a ellos les debemos el primer dentrífico. No tenemos constancia de su textura ni de su olor pero su composición no parece de lo más recomendable: sal, pimienta, hojas de menta… Pero también uñas de buey y piedra pómez, cáscara de huevo y mirra. Una pasta de dientes que conocían bajo el nombre de clister.

Si la receta egipcia no acaba de convecerte, tampoco lo hará la usada por griegos y romanos que añadían orina humana a un compuesto hecho a base de vinagre, miel y cristal en polvo. Otorgaban a la orina las propiedades blanqueadoras de un buen dentrífico. Y como invenyor de éste, registrado queda en la Historia el médico o barbero Escribonius Largus. Nos guste o no, se trata ya de un primer intento en mantener una boca sana y, a la vez, con buen aspecto. Salud y estética: lo que reclaman los pacientes actuales.

En Roma se usaba el enjuague con orina para blanquear los dientes

En Roma se usaba el enjuague con orina para blanquear los dientes

Los chinos, más cultos y menos propensos a la escatología fabricaban su pasta de dientes con huesos de pescado pulverizados.

En la Baja Edad Media, los árabes se sirven de arena fina y piedra pómez como ingredientes principales de sus fórmulas magistarles, hasta que se dan cuenta de que su invento es muy abrasivo y que termina afectando al esmalte dental.

Unos años después, los conquistadores españoles constatan lo adelantados que son los mayas en todos los aspectos, incluido en el cuidado de sus dientes. Y es que no sólo usan su dentífrico para limpiar los dientes: lo hacen también para prevenir las caries y el mal aliento. Para eso se sirven de raíces con las que frotan directamente los dientes. Y cuando no les basta con la raíz o el mal produce ya un dolor considerable, recurren a un recetario algo más estrambótico: analgésicos a base de cenizas de iguana quemada viva, dientes de serpiente de cascabel macerados o hiel del hígado de ciertas ranas. Remedios que, sin duda, debían de ser menos populares que el tzictli, una suerte de bolas hechas de resinas vegetales que debían estar pensadas para cumplir las mismas funciones que los chicles actuales. Al menos, en el nombre sí que tienen un cierto parecido.

Los mayas usaban el chicle como elemento de limpieza

Los mayas usaban el chicle como elemento de limpieza

Tendremos que esperar a finales del siglo XVIII para ver comercializada una primera pasta de dientes que incorpora el jabón como novedad. Era ya tan avanzado que se presentaba en polvo o en pasta y en envases de cerámica. Lo que hasta lo que entonces sólo había sido un remedio casero iba a convertirse en un producto de producción industrial y consumo masivo.

La pasta, tal y como la conocemos hoy, metida en un tubo se la debemos al Dr. Washintog Sheffield Wengorth, dentista que inglés. O mejor a su hijo Lucius de quien se dice que tuvo la idea de meter la pasta en uno de sus tubos de pintura. Corría el año 1850.

El parecido de los primeros tubos de pasta con los de pintura es más que evidente

El parecido de los primeros tubos de pasta con los de pintura es más que evidente

Ya en el siglo pasado se incorporan el flúor, los detergentes sinéticos y el sulfato de sodio. Y es a partir de 1950 cuando se empieza a popularizar entre todas las clases sociales. Aparecen las primeras marcas reconocidas algunas de las cuales siendo siendo hoy líderes mundiales de ventas. Aunque antes habremos tenido que asistir a la comercialización de pastas de dientes tan sorprendentes como peligrosas: durante la Segunda Guerra Mundial se comercializa en Alemania Doramad, un dentrífrico radiactivo que ayudaba a tener una sonrisa “radiante” y que aumentaba “las defensas en dientes y encías”.

Doramar incluía radio en su composición. Una bomba para el organismo.

Doramar incluía radio en su composición. Una bomba para el organismo.

Hoy, las pastas dentales comprenden un muestrario con, sabores, texturas o gustos muy variados. Y con usos, también, muy concretos. Tenemos pastas que potencian la limpieza, otras que hacen hincapie en el tratamiento anticaries. Y más: las que previenen el sarro o la placa bacteriana, y las dedicadas a combartir la hipersensibilidad dental o a servir como agente blanqueador.

Recuerda, el cuidado dirario de tu boca es fundamental para tu salud. Y, ante cualquier duca, no dudes en acudir a la consulta de de tu dentista.

 

Leave a Comment


6 − cinco =