La verdad sobre los implantes (1)

La verdad sobre los implantes (1)

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Con este post decidimos arrancar una pequeña serie dedicada a los implantes dentales y a resolver cualquier duda que puedan suscitar. Y es que la implantología se ha convertido en una de las ramas más importantes de la odontología. No en vano se prevé que los implantes crezcan más de un 150% en los próximos 10 años. ¿Por qué? Pues sencillamente porque la población envejece y es necesario sustituir nuestras piezas dentales naturales por otras artificiales. Pero, ojo, no pensemos que se trata simplemente de una solución estética. Qué va: que nos hagamos mayores no significa que renunciemos a vivir nuestra vida de un modo intenso y pleno. Porque no lo es mismo sonreír que mantener nuestra boca cerrada para ocultar una sonrisa de la que nos avergonzamos. O renunciar a lo que nos gusta sencillamente porque la falta de piezas dentales nos impide comer de todo. Y aquí es donde entran en juego los implantes. Por un motivo u otro, por estética o por salud, el uso del implante aumenta, sin duda, nuestra calidad de vida.

Una boca sana y bien cuidada nos hace sentirnos más seguros de nosotros mismos. Pero el tiempo siempre corre en nuestra contra: caries, enfermedades periodontales, accidentes… Son muchas las ocasiones en las que nos podemos ver obligados a sustituir los dientes que nunca hubiéramos querido perder. Precisamente es ésta la mayor cualidad que debe tener un implante: que no te haga echar de menos la pieza que ya no tienes.

Cuando perdemos una pieza hay que tratar de reponerla lo antes posible para evitar que el hueso se retraiga y pierda funcionalidad y que los dientes vecinos, a su vez, puedan verse afectados por su ausencia. Desde hace ya muchos años, el implante dental se ha consolidado como la mejor alternativa. Pero… ¿en qué consiste? Se trata de fijar al hueso unas fijaciones de titanio o de zirconio con objeto de reemplazar a la raíz del diente perdido. Sobre esta raíz artificial se coloca una corona, que es la parte visible, nuestro nuevo diente, que no solo restaura la funcionalidad de la pieza que perdimos sino que, en ocasiones, la mejora. El implante se integra perfectamente en el hueso de modo que éste mantiene intacta su funcionalidad, hasta el punto de que el hueso termina envolviéndolo como si se tratara de una raíz natural. Es lo que se conoce como osteointegración. Tengamos en cuenta este concepto: un concepto muy importante y que depende mucho de los materiales empleados en los implantes.

Otro concepto que no debemos de perder de vista es el de biocompatibilidad. ¿En qué consiste? Un material biocompatible es el que está diseñado para elaborar prótesis que tienen que integrase en un tejido vivo: algo esencial cuando su objetivo es el de reemplazar partes de nuestro cuerpo sin que éste lo note. En nuestra boca ocurre lo mismo. Y por eso, los mejores implantes dentales, los más fiables, son los elaborados con los materiales más biocompatibles: el titanio o el zirconio. Eso sí, la calidad de los implantes dependerá del tratamiento de cada uno de esos materiales. Por ejemplo, habrá mucha diferencia entre unos y otros según como haya sido tratada su superficie. Por ejemplo, los que utilizamos en Marhuenda y Navarro pasan por once controles de calidad antes de recibir el visto bueno.

La gran mayoría de los implantes existentes en el mercado se fabrican en titanio, un metal muy abundante en la naturaleza. Sin embargo, el titanio -como el diamante, por ejemplo- tiene distintos grados de calidad. Esta calidad y el acondicionamiento que se le da a la superficie del tornillo es lo que marca la diferencia entre los implantes “buenos” y los que no lo son tanto. En Marhuenda y Navarro utilizamos implantes de marcas que continuamente investigan y mejoran la superficie del implante. De hecho, cada uno se somete a once rigurosos controles de calidad antes de recibir el visto bueno.

Si en los implantes hay diferencias entre sí por más que estén elaborados con el mismo material, en la corona la disparidad es aún mucho mayor. La corona es la pieza que va a reemplazar nuestro diente y a asumir sus funciones así que no es difícil imaginar su importancia en el momento de la elección. Aquí los materiales son muchos y diversos. Pueden ser cerámicas, metálicas, de porcelana, de oro… De nuevo, la calidad del material es vital. Y cuando hablamos de calidad lo hacemos de cómo ha sido trabajado y tratado el material hasta llegar a nuestra consulta.

Y aquí es donde hay que tener cuidado. Porque la calidad del material, en el caso de implantes y coronas, es la que marca el precio. Y por eso cuesta tanto fiarse de clínicas low cost que ofrecen unos precios imbatibles que prometen mucho más de lo que son capaces de dar. Nuestro consejo es que os pongáis siempre en manos de profesionales de confianza. Nadie mejor que vuestro dentista de toda la vida para aconsejaros. Y debéis saber, también, que la ley está hecha para proteger vuestra salud: podéis exigir saber de qué material están fabricados los implantes que os han recomendado y conocer su trazabilidad: es decir, en qué país y laboratorio han sido fabricados.

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Recuerda que lo más importante, siempre, es tu salud. Pero como somos conscientes de que el precio de los implantes despierta cierta controversia, en nuestro próximo post os explicaremos cual es el proceso que seguimos a la hora de llevar a cabo un tratamiento de este tipo. Os podrá servir de guía, en caso de duda.

 

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